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Resumen: Se examina el modelo de economía lineal, caracterizado por el esquema tradicional de extracción, fabricación y desecho de bienes materiales. Se exponen los cimientos históricos de este sistema surgido con la Revolución Industrial y su dependencia de la suposición de recursos ilimitados. Asimismo, se analiza el comportamiento de explotación y consumo que lo define, relacionándolo con la teoría económica del vaquero y la fijación por el flujo monetario en detrimento de la preservación del capital natural. Finalmente, se examinan las secuelas de este esquema en términos de acumulación de residuos, sobreexplotación de materias primas y erosión de los servicios de la biosfera, manifestando la inviabilidad a largo plazo de mantener un sistema abierto en un planeta físicamente cerrado. Se concluye con una sistematización de las barreras estructurales y del fenómeno de la obsolescencia programada que perpetúan esta dinámica.
Palabras clave: Economía lineal, consumo, residuos, recursos naturales, degradación ambiental.
Abstract: This scientific article comprehensively examines the linear economy model, characterized by the traditional pattern of extraction, manufacturing, and disposal of material goods. Through an analysis based on specialized literature, the historical foundations of this system that emerged with the Industrial Revolution and its reliance on the assumption of unlimited resources are presented. Likewise, the exploitative and consumption behavior that defines it is analyzed, linking it to the economic theory of the cowboy and the fixation on monetary throughput to the detriment of preserving natural capital. Finally, the consequences of this scheme are examined in terms of waste accumulation, overexploitation of raw materials, and erosion of the biosphere's ecosystem services, showing the long-term inviability of maintaining an open system in a physically closed planet. It concludes with a systematization of the structural barriers and the phenomenon of planned obsolescence that perpetuate this dynamic.
Keywords: Linear economy, consumption, waste, natural resources, environmental degradation.
(*) Manuel Velasco Carretero, doctorando en Ciencias jurídicas y sociales por la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Málaga (UMA), la Universidad Antonio de Nebrija, la Universidad de Alicante, la Universidad de Cádiz, la Universidad de Extremadura, la Universidad de La Laguna, la Universidad de Santiago de Compostela, la Universidad de Sevilla, la Universidad de Vigo, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universitat Oberta de Catalunya. Es experto universitario en cumplimiento normativo – compliance por la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), diplomado en empresariales por la UMA, licenciado en ciencias económicas y empresariales, economista, por la UMA , graduado en derecho por la UNIR, máster jurídico oficial por la UMA, máster económico-financiero oficial convalidado por el Ministerio de Educación del Gobierno de España, abogado por el Ministerio de Justicia del Gobierno de España, colegiado no ejerciente en el Ilustre Colegio de la Abogacía de Málaga, gestor administrativo por el Ministerio de la Función Pública del Gobierno de España, administrador de fincas por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes del Gobierno de España, experto universitario en peritaje judicial por la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC).
1. Introducción: Origen Histórico y Fundamentos del Modelo Lineal
El esquema económico predominante a nivel global se encuentra estructurado bajo un sistema lineal de producción y consumo que prioriza los beneficios económicos inmediatos por encima de cualquier otro criterio de sostenibilidad de largo plazo (U-Eco, 2022). Este esquema hunde sus raíces raíces históricas en el advenimiento de la Revolución Industrial, época durante la cual la humanidad comenzó a mecanizar sus procesos y a acelerar la tasa de extracción de materias primas minerales y energéticas (U-Eco, 2022). En aquel momento, la aparente abundancia de bienes naturales y el bajo coste de las materias primas en comparación con el elevado coste de la mano de obra humana establecieron una lógica empresarial orientada al uso intensivo de materiales y energía (Sariatli, 2017; Nargotra et al., 2024). Las corporaciones industriales se habituaron a un patrón operativo que asumía que el entorno natural poseía una capacidad de suministro inagotable y una aptitud infinita para asimilar los desechos resultantes de la actividad antropogénica (Soria Flores et al., 2023).
Esta perspectiva, empero, choca directamente con la realidad material de la biosfera terrestre. Diversos economistas de gran relevancia han señalado que la ciencia económica tradicional ha omitido considerar los límites biofísicos de la Tierra, razonando bajo la suposición de que vivimos en un plano sin fronteras donde siempre es posible expandir la frontera de explotación (Boulding, 1966). El pensamiento de la época industrial concibió un sistema económico abierto que operaba mediante un flujo continuo de materiales desde el entorno hacia el aparato productivo, y de ahí hacia depósitos de desperdicios ajenos al ciclo del mercado (Boulding, 1966). En la actualidad, esta concepción lineal se manifiesta de modo alarmante, ya que la masa total de asfalto, hormigón y otros materiales creados por el ser humano supera con creces a la biomasa viva de nuestro planeta, evidenciando que la escala física de la economía está alterando de manera irreversible los ciclos de la naturaleza (Elhacham et al., 2020; Velasco, 2018).
Adicionalmente, se puede constatar que la institucionalización de este modelo lineal de producción estuvo acompañada de normativas y reglas fiscales que no impusieron costes por las externalidades ambientales generadas, dejando a los productores libres de toda responsabilidad financiera por el destino final de sus manufacturas (Sariatli, 2017; U-Eco, 2022). Esta desregulación propició una desconexión total entre los sistemas de contabilidad empresarial y el valor real del capital de la naturaleza, consolidando una infraestructura industrial rígida y dependiente del consumo acelerado (U-Eco, 2022). Así pues, la economía de mercado contemporánea continúa operando en gran medida bajo estos cimientos decimonónicos, perpetuando un desequilibrio severo entre la velocidad de extracción de materias primas y las tasas de renovación biológica que sostienen la vida humana en la Tierra (Holden et al., 2023; Nargotra et al., 2024).
2. El Ciclo de Producción y Consumo Lineal: "Tomar, Hacer, Desechar"
El funcionamiento de la economía lineal se describe habitualmente a través de una secuencia de carácter estrictamente unidireccional estructurada en tres etapas secuenciales: extraer, fabricar y desechar (Soria Flores et al., 2023; Nargotra et al., 2024). En la primera de estas fases, las corporaciones industriales cosechan y extraen de la corteza terrestre los recursos bióticos y abióticos precisos para alimentar las cadenas de manufactura (U-Eco, 2022). Seguidamente, estas materias primas se transforman en mercancías comerciales que son distribuidas en los mercados globales para ser adquiridas por los usuarios (Esposito et al., 2018; U-Eco, 2022). Por último, una vez que el producto satisface la necesidad temporal del comprador o presenta algún fallo operativo, es descartado definitivamente y arrojado a vertederos o incineradores, impidiendo que los materiales constituyentes vuelvan a integrarse en nuevos procesos económicos (Venkatesh, 2022; Nargotra et al., 2024).
Esta forma de proceder, caracterizada por la apertura del ciclo material, imposibilita que el circuito de recursos se cierre, de manera que todo material empleado en la fase de entrada acaba convirtiéndose de modo ineludible en residuo en la fase de salida (Nargotra et al., 2024). En este sentido, se puede constatar que la economía tradicional descansa sobre la premisa de la obsolescencia material rápida, donde la durabilidad de los productos se ve acortada intencionadamente para mantener un dinamismo comercial constante (Lazcano Herrera, 2024). Los compradores, condicionados por la oferta del mercado y la carencia de alternativas de reparación accesibles, se ven compelidos a participar de forma ininterrumpida en este flujo de descarte y reposición, gastando recursos financieros en plazos de tiempo cada vez menores (Lazcano Herrera, 2024; Ellen MacArthur Foundation, 2021). Así pues, el ciclo lineal asume de manera errónea que el consumo es un proceso que destruye la materia física, omitiendo que la masa total de los recursos extraídos persiste bajo la forma de desechos contaminantes dispersos en la biosfera (Boulding, 1966).
Para comprender las bases operativas de este esquema, conviene subrayar que el uso generalizado de insumos baratos y de fácil acceso, emparejado con costes de mano de obra proporcionalmente elevados en las economías industrializadas, desincentiva de manera sistemática cualquier intento de reutilización o reciclado (Sariatli, 2017; Nargotra et al., 2024). Los diseñadores industriales proyectan mercancías cuya facilidad de ensamblaje en fábrica se logra mediante métodos de unión destructiva, como el pegado químico o la fusión de partes heterogéneas, lo cual anula la factibilidad técnica y económica de un desmontaje posterior para recuperar las partes utilizables (U-Eco, 2022). Este patrón de diseño provoca que la destrucción del valor añadido de los productos ocurra de manera casi instantánea en el momento en que se declara el fin de su vida útil operativa, acelerando la dilapidación de las reservas naturales de la Tierra y forzando una constante inyección de energía y materias primas vírgenes en el aparato productivo (Michelini et al., 2017; U-Eco, 2022).
3. La Teoría del "Vaquero" y la Obsesión por el Rendimiento (Throughput)
En la teoría económica, la conceptualización del modelo lineal encuentra una analogía sumamente lúcida en la denominada economía del vaquero, término acuñado para ilustrar las conductas imprudentes, explotadoras y violentas que caracterizan a las sociedades que actúan bajo la presunción de que el espacio terrestre es ilimitado (Boulding, 1966). Bajo esta metáfora, el vaquero se desenvuelve en llanuras infinitas donde siempre existen nuevas praderas que explotar y nuevos depósitos donde arrojar los detritos de su actividad sin preocuparse por la regeneración biológica de los sistemas (Boulding, 1966). En esta clase de organización, el éxito de la actividad se cuantifica de manera primordial a través del volumen de materiales y energía que transitan por los canales productivos, una medida de rendimiento que asocia erróneamente un mayor consumo con un mayor bienestar social (Boulding, 1966). El Producto Interno Bruto (PIB) se convierte así en el indicador representativo de este éxito, reflejando de modo exclusivo el flujo de caja sin discernir si los recursos empleados son de origen renovable o se derivan de reservas fósiles no reproducibles que se agotan sin remedio (Boulding, 1966; U-Eco, 2022).
Por el contrario, la asimilación del planeta como un sistema materialmente cerrado, semejante a una nave espacial donde los recursos son estrictamente finitos y los vertederos ilimitados no existen, exige una alteración radical de los principios de la economía convencional (Boulding, 1966). En un entorno de nave espacial, el rendimiento no debe considerarse un fin deseable, más bien al contrario: se convierte en una medida de ineficiencia que es preciso minimizar (Boulding, 1966). El bienestar de los individuos debe medirse en función del mantenimiento, la calidad y la complejidad del capital acumulado, incluyendo tanto el estado físico de los cuerpos como la riqueza de las mentes humanas, y no por la velocidad a la que desgastamos y destruimos dicho capital mediante el consumo (Boulding, 1966). Así pues, la obsesión de los economistas neoclásicos con los flujos de renta y gasto ha impedido el desarrollo de una contabilidad nacional basada en el mantenimiento de las reservas de capital natural, induciendo a error al tasar los costes ecológicos como si fuesen ganancias de productividad (Boulding, 1966; Velasco, 2018).
La perpetuación de esta economía del vaquero en la época contemporánea se sustenta por este motivo en la miopía intertemporal, un sesgo de percepción que deprecia el porvenir en beneficio de un consumo inmediato y hedonista (Boulding, 1966). Al aplicar tasas de descuento positivas a las generaciones futuras, los agentes económicos descartan las consecuencias de largo alcance de sus decisiones de explotación, actuando de forma egoísta frente a la posteridad (Boulding, 1966). Este comportamiento es justificado de manera corriente por quienes arguyen que las carencias del mañana serán resueltas mediante el advenimiento de tecnologías futuras, soslayando el hecho de que la acumulación de daños físicos a la biosfera podría comprometer la habitabilidad misma de la Tierra antes de que dichos remedios técnicos estén disponibles (Boulding, 1966; Velasco, 2018). De este modo, la persistencia en el modelo lineal de explotación de recursos refleja una carencia grave de responsabilidad intergeneracional y una preocupante alienación respecto a las leyes termodinámicas que rigen los pautados materiales terrestres (Baumgärtner y Quaas, 2010; Velasco, 2018).
4. Impactos y Consecuencias del Modelo Lineal
La persistencia en un esquema de carácter lineal genera desajustes sistémicos que abarcan dimensiones de índole ecológica, financiera y social, desestabilizando el equilibrio biofísico de la biosfera (U-Eco, 2022). Estos desequilibrios son la consecuencia lógica de intentar forzar un crecimiento ilimitado de la producción material sobre una base planetaria finita y con límites de asimilación estrictamente definidos (Boulding, 1966; Soria Flores et al., 2023). A continuación, se examinan pormenorizadamente los tres efectos más notables derivados de esta dinámica lineal: la generación masiva de desperdicios, el agotamiento de recursos estratégicos y el deterioro irreversible de los ecosistemas globales.
4.1. Generación de Residuos e Ineficiencia Ecológica
Uno de los resultados más patentes de la dinámica productiva lineal es la ineficiencia estructural en la utilización de los materiales, lo cual se traduce en un volumen inmenso de desperdicios generados a lo largo de toda la cadena de valor (Nargotra et al., 2024). De acuerdo con las estimaciones de instituciones especializadas, alrededor de veintiún mil millones de toneladas de los insumos extraídos para la producción industrial no llegan a formar parte de los artículos finales que se comercializan en el mercado, perdiéndose en forma de mermas y residuos fabriles (SERI, citado en U-Eco, 2022). Esta ineficiencia se constata de manera alarmante en sectores particulares como el agroalimentario, donde cerca del veinte por ciento de los alimentos producidos a nivel mundial se pierde en el campo debido a plagas, fallos logísticos durante el transporte, almacenamiento defectuoso o descarte comercial en los puntos de venta (U-Eco, 2022). Esta enorme pérdida material no solamente representa un menoscabo económico para las empresas; al mismo tiempo, implica el despilfarro de los ingentes recursos hídricos e industriales que fueron precisos para su obtención (U-Eco, 2022).
De igual modo, la industria textil y de confección de prendas, en especial la modalidad de moda rápida (fast fashion), ejemplifica a la perfección la gravedad de esta ineficiencia material lineal (Koszewska, 2018; U-Eco, 2022). La confección veloz de ropa consume cantidades colosales de recursos hídricos; de hecho, se calcula que la producción de una sola camiseta de algodón requiere cerca de setecientos galones de agua, mientras que un pantalón vaquero llega a demandar dos mil galones del recurso hídrico, insumo que es descartado en forma de aguas residuales altamente contaminadas por productos químicos agresivos (McFall-Johnsen, 2019, citado en U-Eco, 2022). Posteriormente, a causa del desmesurado aumento del consumo de prendas de vestir baratas y de baja calidad, hasta un ochenta y cinco por ciento de las fibras textiles de descarte acaba depositado en vertederos de basuras, conformando acumulaciones de residuos persistentes que tardarán cientos de años en degradarse (Business Insider, 2015, citado en U-Eco, 2022; Koszewska, 2018). Este flujo acelerado de extracción, uso fugaz y descarte definitivo ilustra de manera inmejorable cómo el modelo lineal destruye de forma irreversible el valor de los insumos naturales empleados, provocando acumulaciones de desechos nocivos para el entorno global (U-Eco, 2022).
4.2. Agotamiento de Recursos y Volatilidad Económica
La dependencia del modelo económico lineal respecto a materias primas vírgenes y combustibles fósiles ha acelerado el ritmo de agotamiento de las reservas terrestres más accesibles, amenazando la estabilidad industrial de los países (Nargotra et al., 2024; U-Eco, 2022). Esta sobreexplotación no se circunscribe en exclusiva a los recursos no renovables, extendiéndose igualmente a elementos de renovación biológica como los bosques, las reservas de pesca y los acuíferos subterráneos, cuya extracción actual supera de modo desorbitado su tasa natural de regeneración (U-Eco, 2022). Al rebasar la capacidad reproductora de los ecosistemas, la sociedad industrial contemporánea se sustenta de manera efectiva sobre un crédito insostenible contraído con las generaciones venideras, consumiendo anualmente un volumen de recursos equivalente a más de uno coma seis planetas, una cifra que en países de alta renta como España se eleva a casi dos planetas y medio (Velasco, 2018). Esta asimetría física provoca una escasez creciente de insumos básicos y expone a las industrias manufactureras a riesgos operativos graves debido a la interrupción potencial del suministro de componentes esenciales (Velasco, 2018).
Como consecuencia del incremento sostenido de la demanda y la disminución de las reservas de fácil extracción, el mercado de materias primas ha experimentado en las primeras décadas de este siglo unos niveles de volatilidad de precios sin precedentes históricos (U-Eco, 2022). La fluctuación extrema de las cotizaciones de los metales, la energía y los insumos agrícolas desestabiliza las previsiones de costes de las empresas, mermando su competitividad y elevando la incertidumbre financiera a escala macroeconómica (U-Eco, 2022). Debido a que las empresas operan en entornos altamente competitivos con demandas estancadas en ciertos sectores, muchas de ellas se ven imposibilitadas para trasladar este incremento de costes a los precios finales de consumo, viéndose obligadas a asumir pérdidas de rentabilidad (U-Eco, 2022). Así pues, la inestabilidad de los precios de los recursos naturales en un mercado regulado bajo la lógica lineal se ha convertido en una amenaza estructural para la salud económica mundial, confirmando que la aparente rentabilidad inicial del esquema de usar y tirar ha devenido en un factor de riesgo e incertidumbre corporativa de primer orden (U-Eco, 2022).
4.3. Degradación de los Ecosistemas y Crisis Climática
La inyección ininterrumpida de sustancias contaminantes y la alteración física del territorio que demanda la economía lineal han acelerado de forma dramática la degradación de los ecosistemas mundiales y la pérdida de biodiversidad (Nargotra et al., 2024; U-Eco, 2022). De acuerdo con las evaluaciones internacionales más autorizadas, al menos quince de los veinticuatro servicios ambientales que sostienen el bienestar de la humanidad —tales como la polinización, la regulación del ciclo hídrico y la depuración de gases atmosféricos— están siendo degradados o explotados de manera insostenible a consecuencia de la expansión industrial lineal (Millennium Ecosystem Assessment, citado en U-Eco, 2022). La deforestación de amplias superficies boscosas para la obtención de madera o la roturación agrícola disminuye la capacidad de la biosfera para fijar dióxido de carbono y estabilizar los niveles hídricos de los suelos, alterando de forma destructiva las funciones biogeoquímicas naturales de la Tierra (U-Eco, 2022).
Paralelamente, las emisiones masivas de gases de efecto invernadero resultantes del uso intensivo de carbón y petróleo en las fases de extracción, procesamiento y distribución del modelo lineal han inducido alteraciones climáticas globales que ponen en peligro el porvenir de las sociedades contemporáneas (Nargotra et al., 2024; U-Eco, 2022). La quema sistemática de estos combustibles fósiles para mantener un rendimiento de consumo creciente ha elevado de forma sostenida la concentración de carbono atmosférico, con la consiguiente alteración de los patrones de temperatura y la agudización de decesos climáticos extremos (Nargotra et al., 2024). De este modo, la persistencia en el modelo lineal tradicional no solamente destruye el capital biótico de la Tierra; además, altera la homeostasis climática imprescindible para la pervivencia de la civilización, evidenciando el colapso potencial al que se aproxima la humanidad si no se altera este comportamiento destructivo (Soria Flores et al., 2023).
5. Límites Estructurales y el Fenómeno de la Obsolescencia Programada
La persistencia y vigencia de la economía lineal en pleno siglo veintiuno obedece a una serie de barreras estructurales y a incentivos de mercado que favorecen el mantenimiento del statu quo frente a la adopción de esquemas de producción cerrados (Lazcano Herrera, 2024; U-Eco, 2022). Entre estos factores destaca de manera notable el fenómeno de la obsolescencia programada, concebida como una estrategia industrial de planificación mediante la cual se diseña de antemano el envejecimiento prematuro o el fallo operativo de un producto para acortar artificialmente su ciclo de vida útil (U-Eco, 2022; Lazcano Herrera, 2024). De esta forma, las grandes empresas manufactureras garantizan un flujo continuo de reposición de mercancías por parte de los compradores, incrementando sus ingresos comerciales a corto plazo mediante la venta de versiones que únicamente presentan diferencias cosméticas o actualizaciones de software menores respecto a los modelos anteriores (Lazcano Herrera, 2024; U-Eco, 2022). Este esquema obliga a los consumidores a realizar gastos de forma reiterada en lapsos temporales breves, despojándolos de la posibilidad de mantener sus posesiones plenamente funcionales a través de la actualización o reparación (Lazcano Herrera, 2024).
Asimismo, la carencia de una regulación estandarizada a nivel internacional que sancione la obsolescencia programada y reconozca de manera legal el derecho a la reparación de los bienes adquiridos consolida la hegemonía del sistema lineal (U-Eco, 2022). Los consumidores se enfrentan a un contexto de mercado donde resulta más barato, rápido y sencillo comprar un producto nuevo que reparar uno antiguo, debido a que los fabricantes imponen barreras artificiales como el uso de tornillería propietaria, la inaccesibilidad física a las baterías y la ausencia de información técnica o de repuestos a precio razonable (U-Eco, 2022). Las leyes fiscales y aduaneras de las últimas décadas han agravado esta situación, pues no gravan de manera diferencial la extracción de recursos vírgenes ni benefician las actividades intensivas en mano de obra reparadora, lo cual confiere una ventaja de costes insostenible al modelo de usar y tirar (Sariatli, 2017; U-Eco, 2022). Así pues, la ausencia de incentivos de carácter impositivo y el retraso en la aprobación de marcos de responsabilidad extendida del productor perpetúan un ecosistema comercial donde el despilfarro material continúa siendo la opción económicamente racional para las corporaciones privadas (U-Eco, 2022).
Para finalizar, conviene indicar que las barreras culturales y de mentalidad compartidas por los directivos empresariales y las masas de consumidores representan un obstáculo de enorme resistencia para modificar esta inercia lineal (Lazcano Herrera, 2024; U-Eco, 2022). Gran parte de los consumidores se encuentra habituada a la cultura de usar y tirar, mostrando rechazo ante la adquisición de artículos remanufacturados o de segunda mano debido a la percepción errónea de que poseen una calidad inferior a los nuevos (Lazcano Herrera, 2024; U-Eco, 2022). De igual modo, los órganos de dirección de las principales compañías continúan evaluando la rentabilidad empresarial bajo una visión de corto plazo, priorizando el rendimiento trimestral y la venta rápida de mercancías físicas sobre la retención prolongada del valor de los materiales en el circuito productivo (Lazcano Herrera, 2024; Michelini et al., 2017). Como cierre, es indudable que la economía lineal ha alcanzado su límite material biofísico, y que la ignorancia colectiva sobre las consecuencias ecológicas del consumo acelerado acelerará de forma alarmante el colapso sistémico de la sociedad contemporánea si no se revierte con premura esta dinámica abierta de desperdicio (Soria Flores et al., 2023).
6. Conclusiones
El análisis sistemático del modelo industrial de carácter lineal evidencia una insostenibilidad estructural que compromete la estabilidad a largo plazo de las sociedades humanas (Soria Flores et al., 2023; U-Eco, 2022). La trayectoria histórica de extracción, transformación y desecho rápido de bienes descansa sobre la premisa errónea de una abundancia perpetua de recursos biofísicos (Velasco, 2018). Al operar bajo este esquema abierto, la actividad industrial degrada de manera acumulativa los sumideros naturales de la Tierra a través de la contaminación hídrica y atmosférica, acelerando el agotamiento de materias primas no renovables y la pérdida irreversible de biodiversidad (U-Eco, 2022). La persistencia en esta dinámica propicia un escenario de colapso donde los límites de absorción y regeneración de la biosfera resultan ampliamente desbordados por el volumen de desperdicios generados (Soria Flores et al., 2023).
De igual manera, la valoración del éxito económico a través del Producto Interno Bruto y el flujo constante de materiales (throughput) distorsiona la comprensión real del bienestar social (Boulding, 1966). Este enfoque, caracterizado por el patrón del vaquero explotador, ignora la necesidad del mantenimiento cualitativo de la riqueza acumulada y de los cuerpos humanos, privilegiando el consumo acelerado sobre la durabilidad de las mercancías (Boulding, 1966). A nivel comercial, el modelo impone obsolescencias artificiales que obligan a los usuarios a realizar gastos repetitivos en intervalos temporales cada vez más estrechos (Lazcano Herrera, 2024). De este modo, la ineficiencia del sistema lineal no se limita a un aspecto ecológico, asumiendo un carácter impositivo sobre la economía de las familias y perpetuando una volatilidad de precios que desestabiliza a los mercados industriales globales (U-Eco, 2022).
Finalmente, la superación de las rigideces de la linealidad exige una transformación coordinada que atienda tanto a la reconversión tecnológica de los sistemas de producción como a las dimensiones humanas del cambio (Lazcano Herrera, 2024). La inercia de las prácticas de usar y tirar se halla fuertemente arraigada en las pautas de consumo cotidianas y en las estructuras de dirección empresarial, lo que dificulta la adopción de esquemas de reparación y conservación de materiales (Lazcano Herrera, 2024). Para asegurar la equidad de esta transición, resulta preciso articular mecanismos de diálogo social y capacitación técnica que protejan el empleo de los trabajadores en los sectores manufactureros tradicionales (Velasco, 2018). Únicamente mediante un esfuerzo colectivo que vincule a las administraciones públicas, el sector productivo y la ciudadanía organizada, será factible sustituir la dinámica lineal destructiva por un sistema metabólico cerrado respetuoso con los límites biogeoquímicos del planeta (Velasco, 2018).
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